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Este niño explica la gran diferencia entre su mamá “pobre” y su padre “rico”

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Siempre hemos escuchado la frase ¨el dinero no hace feliz a las personas¨ pero al parecer para muchos estas son palabras vacías y sin sentido, incluso para algunos el dinero es tan importante que en ciertos casos esto no solo determina la felicidad si no el futuro, formación y desarrollo como seres humanos.

Muchos piensan que el dinero es necesario para llevar una vida llena de satisfacciones y felicidad, pero precisamente un grupo de personas con grandes cuentas bancarias a las cuales la vida les ha otorgado todas las facilidades y a quienes muchos pueden considerar afortunados, afirman que ¨hay cosas que el dinero no puede comprar¨, tales como las acciones, los sentimientos, actos, entre otros.

Tristemente hay quienes preferirían ser ¨infeliz¨ en una gran mansión, que tomar el bus todos los días aun cuando llevara una vida feliz, pero analizarlo mejor  y tomar en cuenta hasta los mínimos detalles, nos llevaran a entender porque felicidad no es sinónimo de ser adinerado.

Hay una carta que está circulando en internet pues un joven ha explicado en ella la diferencia entre un padre rico y uno pobre, puesto que él considera que lo mejor que puede tener una persona más que regalos costosos, es cariño, amor, empatía, amistad, entre otras, en la carta que ha escrito lo entenderás mejor:

“Mi infancia no fue nada fácil pues desde muy pequeño sentí que tenía dos orígenes, mientras mi padre tiene un sueldo de 8 cifras, mi madre suele ganar 25,000 euros al año, complicándolo así todo, sin embargo, al final ella ganó la partida pues cuando se divorciaron se quedó con mi custodia.

La locura de presupuestos descontroló mi infancia, por mucho tiempo fui el típico niño friki que pasaba horas con su consola de juegos, misma que me regaló mi madre cuando cumplí 6 años.

Cada dos fines de semana visitaba a mi padre, cada vez que pasaba por mí era una pelea sin final con mamá pues él quería ver quién de los dos era mejor padre, así que cuando me quedaba con él me pedía una lista de todos los juguetes o cosas que yo deseaba y al término de una semana, todo lo que pedía me llegaba.

Al cumplir 17 años pedí una motocicleta de agua, jamás había pedido nada que rebasara la cantidad de 80 euros, pero en esa ocasión mi padre se lució y al siguiente día de pedirla ya la tenía en el patio de la casa, en realidad esta había costado alrededor de 18,000 euros.

Tener una ¨jugosa¨ solvencia económica es realmente bueno por la comodidad, estabilidad y ¨felicidad¨ que esta proporciona, sin embargo, esta última aprendí con el paso de los años que es vacía, disfrazada y momentánea. La verdadera felicidad consiste en tener a alguien que te haga sentir amado y valorado.

Dos años antes de aquel cumpleaños en que recibí la moto de agua, mi madre abrió una cuenta de banco a la que yo podía tener acceso, cuando ella hacía algún movimiento me llegaba la notificación a mi correo electrónico.

Cuando cumplí 16, pedí una computadora para continuar jugando, esta costaba algunos 600 euros, le prometí a mi madre que conseguiría trabajo para ayudarle con los gastos de la casa, esto era como una forma de pago.

Al día siguiente me llegó una notificación en donde se me informaba que se había hecho un retiro de 1.500 euros y que la cuenta se encontraba en números rojos, 1.200 euros en sobregiro tenía la cuenta.

Mi madre no sabía que yo tenía esa información y me siento feliz de que haya sido así porque es diferente decir ¨haré cualquier cosa por ti para que estés bien¨ que en realidad hacerlo. Juntar ese dinero me llevó alrededor de tres meses. Por desgracia, mi madre enfermó y tuvo que dejar de trabajar.

Ahora me encuentro en la universidad pero si los trabajos escolares me lo permiten, vuelvo a casa (6 horas en tren) para hacerle compañía a mi madre, ayudarle a limpiar, cocinarle, consentirla, hacerle las compras y platicar con ella.

Todo lo que mi padre pueda darme, incluso hasta el regalo más ostentoso y caro, puede compararse como el tener una madre como la que tengo y disfrutar de su compañía y sus pláticas. Ella ha hecho todo por mí desde pequeño, en lugar de regalos caros, ella me dio algo mucho mejor que eso: su amor y su tiempo. Ahora soy yo quien deseo hacer todo lo que esté en mis manos por ella”.

Entiende que la falta de compañía y tiempo no se sustituye con los regalos más caros e impresionantes, no hay mejor regalo que el amor y afecto que una persona te puede dar.

Si estás de acuerdo con la carta de este joven, compártela con tus amigos y déjanos tu punto de vista acerca de este tema.

Fuentes consultadas: Mundorem/Rolloid

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